En este local nació el primer Don Quijote de City Bell. Los Terpolilli llevan más de medio siglo dando de comer en La Plata, y cuando llegó el momento de hacer algo nuevo en la misma esquina, Nicolás no buscó demasiado lejos el nombre.
Porque si Quijote era el de los molinos y los ideales, Sancho era el otro: el que llevaba las alforjas, el que paraba en la posada, el que tenía hambre.
De ahí sale todo lo demás. Nada de mantel largo ni de plato principal. Barras altas, mesas que se comparten, un mostrador con tapas que cambian según lo que haya ese día, y una cerveza en porrón que se toma de parado si hace falta. Se pide en la barra, te dan un bipper y comés donde te sientas mejor: adentro, en la vereda o en el patio de atrás.
Sin apuro, sin protocolo y sin reserva.